La ecología y el deporte se juntan perfectamente en un solo sitio, a pocos minutos de Guayaquil, para crear un mundo lleno de sensaciones únicas y excitantes.
Tomar vacaciones en sitios que no sean los típicos de sol, arena y mar, es poco común entre los citadinos. La falta de costumbre y las distancias tienen mucho que ver, pero hay un cambio paulatino. Los pretextos empiezan a desaparecer y a imponerse la aventura, ante el atractivo de parajes exóticos cercanos a Guayaquil.
Uno de esos destinos es la población de General Elizalde, Bucay, de paisajes encantadores, donde el verde domina el entorno de bosque húmedo montañoso de más de 154 km² de flora abundante en guayacán, matapalos, laurel, cándelos, balsa, cauchillos copal, helechos gigantes, limoncillos, orquídeas, bromelias, entre otros, y clima privilegiado. Allí el calor no sofoca ni agota, debido a las precipitaciones anuales de 2.000 mm que dan como resultado una temperatura que oscila los 18 y 24°C. Mas bien el sol deleita y la constante brisa con olor a campo refresca y premia el olfato. El ganado que circula libre por las montañas, los correntosos ríos y las vibrantes cascadas convierten al lugar en un privilegio. Por lo que, sus más de 7 mil habitantes aspiran a convertir a Bucay en la nueva "Baños" del Ecuador. Por ello, nos dirigimos hacia el lugar, a tan solo una hora 15 minutos de camino asfaltado, para experimentar las emociones que brinda esta población llena de sorpresas, que ofrece distracción en familia como paseos a caballo por sus pastizales, senderos y bosques. El río es otro escenario de diversión, donde el turista puede deslizarse en las boyas, realizar el deportivo y nada riesgoso tubing. En el Bosque de La Esperanza es posible descender con cuerdas (canyoning) por una de las más de 6 cascadas habilitadas para turismo, de las 20 que existen, y cuya altura oscila entre 8 y 60 metros. Es una experiencia durante la que la adrenalina llega a su punto más alto. El descenso luego se hará en bicicleta por los pedregosos caminos de la montaña. En el recorrido se puede degustar de un delicioso guarapo o jugo de caña en el trapiche de Pablo Villamarín, un comunero que le apuesta al turismo y siempre está a la espera de visitantes.
Una serie de actividades que es posible experimentar en un día o si prefiere en un fin de semana, mientras se pernocta en Bucay.
La infraestructura hotelera aún escasea. Es casi nula. Sin embargo, una alternativa de hospedaje está en una de las haciendas del sector, que pone a disposición del turista 22 fincas de lujo con capacidad para 8 personas (cada una). Aventuras sin precedentes que merecen ser disfrutadas por los amantes de la naturaleza, el campo y, sobre todo, la adrenalina, sin necesidad de ir lejos de Guayaquil.
En invierno los ríos suben su caudal, dando el nivel requerido para realizar tubing, un deporte familiar divertido, sobre todo, para los más jóvenes.
El canyoning se coloca como el deporte emblema de Bucay, donde los más arriesgados bajan con cuerdas y todas las seguridades del caso por cualquiera de las 6 cascadas habilitadas.
El río Chimbo es el principal que separa a Bucay de Cumandá.
En Bucay sobresale la producción agrícola, avícola y ganadera.
El paseo en bicicleta de montaña es otro de los atractivos sin mayor riesgo.