Su vertiente volcánica se esconde en medio de un bosque sagrado, donde se erigieron antiguos templos ceremoniales.
Cubiertos por un cielo despejado de ardiente sol, los foráneos se apropian de las calles en bicicletas o tricimotos para conocer ese Manabí distinto de naturaleza y cultura, que se brinda en los alrededores de Puerto López. Un atractivo es Agua Blanca, pueblo comunitario, parte del Parque Nacional Machalilla.
Un sendero poblado de algarrobos forman un túnel natural de varios kilómetros a lo largo de los cuales las extensas ramas se entrelazan, haciendo la corte al visitante, que busca cobijo del sol que se cuela entre ramas y hojas y dibuja sobre la carretera polvorienta un juego de sombras.
El camino es preferido por los románticos en las noches de Luna llena, pues todos los elementos se conjugan creando una atmósfera ideal para un paseo de enamorados.
Tras 10 minutos de recorrido, desde Puerto López, se abre un camino empedrado, conservado intencionalmente en estado original que conduce a la reserva natural.
Las plantaciones típicas de la zona, cactus y hojas cafés, desaparecen de a poco y abren paso al verdor de los árboles que descienden desde la cordillera costera, encerrando a una comunidad de 68 familias encargadas de impulsar el turismo en el sector.
Las sencillas casas atraen a los turistas que, por pocos dólares, suelen pernoctar allí cómodamente y compartir con los niños que juegan alegres en la cancha de fútbol de la escuelita del pueblo.
Todos ponen su grano de arena para levantar esta zona rica en arqueología y naturaleza. Desde el artesano que hábilmente teje, hila y cose recuerdos; las cocineras, que preparan sus delicias a llama y carbón encendido en sus hogares y sirven en el único restaurante construido en la población; hasta las decenas de guías naturalistas como Isidro Ventura, encargado de dirigir el tour. Su larga y singular barba negra matizada con hebras blanquecinas, y su rostro de líneas semipronunciadas, dan cuenta de décadas no reveladas.
El centro de interpretaciones es un minimuseo que condensa la historia de los aborígenes de las culturas Valdivia, Chorrera, Guangala y Manteña, que levantaron en Aguas Blancas más de 600 estructuras antiguas, donde predominaron templos ceremoniales repartidos en las 8.040 hectáreas de perlilla, algarrobos, muyuyos y demás especies de flora húmeda tropical, que las escondieron por años y que, poco a poco, las lluvias y el mal tiempo provocado por los fenómenos de El Niño, fueron poniendo al descubierto.
Allí cientos de aves -de 26 especies- serpientes y mamíferos pasean en su hábitat natural.
Cruzando un pequeño y rústico puente de caña y madera, y tras casi 2 horas de tour, se pueden conocer las tumbas conservadas intactas desde su descubrimiento, que se vienen recuperando con apoyo de ONG's y el Gobierno.
Las escaleras de tierra, adecuadas con madera, revelan restos de vasijas, donde los manteños enterraban a sus muertos. Parte de la riqueza de Agua Blanca es el valle de Buena Vista, del cual fluye un manantial de agua y lodo volcánico con propiedades curativas y enriquecedoras de la piel.
El intenso olor a azufre que emana esta piscina natural de Agua Blanca, de 4 m de profundidad y 60 de diámetro, es donde un promedio mensual de 200 turistas, en su mayoría extranjeros, buscan relax, diversión, salud y belleza, entre las 08:00 y 17:00. Es esta otra de las tantas opciones que se ofrecen dentro de la Ruta del Spondylus, que avanza hasta Perú.
Datos útiles
Para llegar a la comunidad de Agua Blanca se recomienda ir equipado con zapatos de caucho o botines y gorra para caminar por senderos pedregosos. Una manera atractiva de acceso es en bicicleta. También, recuerde llevar su traje de baño para deleitarse en la laguna volcánica. La entrada no tiene costo fijo, aunque en la actualidad se pide una contribución de $ 3 por persona.
El ingreso, de sur a norte, es por el lado izquierdo de la vía, a 10 minutos de Puerto López.
Los rÚsticos senderos de caÑa y madera conducen al turista, en primera instancia, al cementerio de la cultura manteÑa.
Isidro Ventura es uno de las decenas de guías naturalistas que tiene la comuna, quienes empiezan el recorrido en el centro de interpretaciones o minimuseo.
Las tumbas de los aborígenes se mantienen en su estado natural (in-situ), como resultado de una serie de estudios arqueológicos realizados en décadas pasadas.