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Muisne y Mompiche, Dos paraísos a orillas del mar
La brújula viajera nos dirige hacia el sur de Esmeraldas para conocer los tranquilos y paradisiacos balnearios de esa provincia.
Christian Colombo Cordero - Colomboc@granasa.com.ec

Son las 8 de la mañana y el cielo no termina de despejarse anunciando un día gris de "lágrimas" tenues que salpican la ropa dejando sus huellas que, por momentos, nos erizan la piel al secarse las gotas con la brisa yodada del mar esmeraldeño. Clima que suele presentarse en época de invierno a tempranas horas del día.

Por un instante nos desalienta el ambiente, pero era tiempo de despedirnos de Atacames y dirigirnos al sur para descubrir los nuevos puntos trazados en la Ruta del Spondylus, rica en paisajes y aventuras.

Mapa en mano, siguiendo las indicaciones, tomamos la vía costera estatal (E15), que se empata con la Ruta del Sol. Un camino profundo que empieza a deteriorarse por el paso del tiempo y el poco mantenimiento de las vías en la zona que nos conduce al conocido jardín esmeraldeño, Muisne. Un edén rodeado de kilómetros de bosques tropicales y manglares.

De repente, la carretera de asfalto llega a su fin y le da paso a las embarcaciones de botes, lanchas o fibras -como ellos les llaman- que esperan pacientes en el río Muisne. Ellas permiten a los moradores y turistas cruzar sus aguas para llegar al otro extremo, donde está la Isla encantada de Muisne. Trasladarse hacia ella es toda una aventura, sobre todo en gabarra, embarcación con capacidad para 5 automóviles según el tamaño y peso, que recibe a los vehículos que aguardan cruzar.

Descendiendo por una pedregosa calle semibañada por las calmadas aguas de la ribera, carros, camiones y motocicletas, abordan los vetustos, algo despintados y oxidados transportes que, en algunos casos, llevan más de una década prestando servicio.

"Mejor salgamos del carro, no vaya a ser que se hunda", bromea uno de los tripulantes, pero "uno nunca sabe"... responden.

Salimos de los autos. "No hay de qué preocuparse, los mecanismos están en perfecto estado, solo es la fachada" advierte el encargado de cobrar la tarifa de 5 dólares -ida y vuelta- para cruzar. Con disimulo, se libera la respiración contenida. Sentimos alivio, más aún al bajarnos después de 5 cortos minutos de paseo.

Las sencillas casas del sector, las calles sin asfalto y, en ciertos tramos, con el monte creciente, dan cuenta de la triste realidad de una población practicamente abandonada de la mano estatal.

"Se mantiene igualita desde que mis padres salieron de aquí", comenta uno de nuestros acompañantes. Lo hermoso del lugar, sin duda, es su inmenso y extenso balneario. La madre naturaleza tos de paseo. Las sencillas casas del sector, las calles sin asfalto y, en ciertos tramos, con el monte creciente, dan cuenta de la triste realidad de una población practicamente abandonada de la responsabilidad estatal.

"Se mantiene igualita desde que mis padres salieron de aquí", comenta uno de nuestros acompañantes. Lo hermoso del lugar, sin duda, es su inmenso y extenso balneario. La naturaleza sembró su semilla fructífera en kilómetros y kilómetros de palmeras que se elevan como edificios, y se colocan en hilera, a lo largo y ancho de la playa de arena café con toques negruzcos y oleaje normal. Allí, los cabellos bailan al son de la brisa refrescante de un día poco soleado, pero perfecto para el bronceado.

Es sábado y el movimiento comercial escaso, excepto por unos cuantos "piperos" o vendedores de cocos (pipas) que amables nos convidan a compartir el hidratante elíxir. La atmósfera transmite una paz, que contrasta radicalmente con nuestra próxima parada en las paradisiacas y poco explotadas playas de Mompiche, balneario que está en boca de todos. Y no es para menos, una de las cadenas hoteleras internacionales más famosas, Decameron, le apuesta al progreso de esta pequeña población, donde escasean los servicios básicos.

En las pedregosas calles desnudas de asfalto se levanta una polvareda que obliga a cerrar los vidrios del vehículo, y que lo dejan vestido con un manto blanquecino. Sin embargo, aquello deja de tener importancia frente a las cristalinas aguas del mar, que son codiciadas especialmente por surfistas de todas partes del mundo. El lugar goza de gran reputación como uno de los más de 70 puntos ideales para el surf y que actualmente están siendo promocionados por el Ministerio de Turismo.

Las vistosas y artesanales hosterías de madera y caña, un tanto descuidadas, y los reducidos hoteles de primera pueden hospedar a casi mil personas, sin contar con otros mil que es capaz de acoger el Decameron.

Una serie de cabañas privadas y las esbeltas palmeras que se levantan junto al mar ofrecen un hermoso espectáculo a los ojos del visitante, achinados por un sol que por fin se decide a salir de su escondite para poner su color dorado sobre esta playa morena.
En este tramo de la Ruta del Spondylus, la naturaleza es pródiga en belleza y la paz emana a raudales. Ese es su aporte, ahora, a las autoridades les corresponde convertirlos en sitios para el turismo internacional, llevando infraestructura a estos pequeños paraísos, en los que su maravillosa naturaleza hipnotiza y encanta.

Agradecimiento: Ministerio de Turismo (Dirección Provincial Esmeraldas). Telf.: 06-2711370. Dir. Bolívar y Ricaurte, Edificio de la Cámara de Comercio. / Enrique Delgado, Mompiche's Land. Telf.: 02-2279710. Decameron Mompiche. Telf.: 02-6046969.

Mompiche ofrece una atmósfera de romanticismo.

Miles de palmeras embellecen la playa de Muisne.

Los puntos de surf brindan todos los servicios a los deportistas.

Las playas de Mompiche son preferidas por los surfistas extranjeros.

Las instalaciones del hotel Decameron cuentan con todos los servicios de una cadena internacional

El comercio de agua de pipa (coco) es uno de los sustentos en Muisne

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Las rústicas cabañas para hospedarse en Mompiche atraen más a los extranjeros.

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