Redacción Semana
El alma y espíritu de una persona se siente al ingresar en su hogar y, sin duda, ese es el caso de Gustavo Moscoso, reconocido diseñador de modas, con alcance internacional, quien decidió por sí mismo decorar su departamento en Guayaquil, y lo logró con excelentes resultados, al trasmitir la alegría y elegancia que lo caracteriza. Sin caer en lo clásico o convencional, y con el buen gusto que lo distingue, al igual que en el vestir, se lanzó empíricamente a crear su propio espacio. Uno que podría catalogarse eminentemente ecléctico con toques dramáticos y teatrales, aspectos muy de moda en Europa, que se evidencian con facilidad en los muebles. Es que, la tendencia se basa en tomar elementos antiguos y clásicos, para transformarlos y modernizarlos, a través de los colores y texturas. Tal cual lo hizo Gustavo con las sillas originales Luis XV del comedor revestidas en látex y el espejo barroco de la entrada, que mandó a pintar en su fábrica con el actual metálico pan de plata; o con la mesa Luis XVI laqueada en negro y su centro revestido de gamuza oscura con tope de vidrio; o las paredes y muebles de la sala tapizados con telas importadas, donde se juega armoniosamente con las formas de las líneas, cuadrados y círculos; o el centro de la sala que cumple doble función, de mesa y puff, forrado en látex, entre otras cosas, hacen que su obra se torne moderna y vanguardista.
A pesar de que la paleta predominante es el gris y plata, supo resaltar ciertos detalles con colores vivos como se observa en los cojines fuscia, en las paredes turquesa y en obras artísticas como ‘El potranco’, de Wilson Paccha, que, desde la esquina de la sala, se destaca con su multicolor cabeza y ‘pierna-pata’ dorada.
En la entrada, para romper con la monotonía, se colocaron obras modernas como el ‘césped’, hecha con puntas de vidrio cortado que, a decir de Moscoso, trasmite un poco de agresividad y fuerza en el área. Mientras que en la ‘repisa’, puso dos cráneos de cerámica traídos de México, los cuales significan vida para los centroamericanos, a los costados de un jarrón-florero antiguo de cristal heredado, que data del siglo XIV.
Son espacios que indiscutiblemente reflejan a su autor, quien disfruta al máximo de su nuevo hogar, el cual comparte hoy con SEMANA.
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