Edición: Domingo 05/febrero/12

San Lorenzo tierra de cascadas, estuarios y playas

Su riqueza natural es indiscutible, donde las vertientes de agua y los bosques, primarios y secundarios, son su mayor encanto.

<strong>Las 7 Cascadas.</strong> Se encuentran en la zona del bosque húmedo del Chocó Ecuatoriano, como una alternativa turística natural. <strong>Túneles.</strong> Por ahí pasaba el ferrocarril con dirección a San Lorenzo. Hoy son parte de la aventura en Las 7 Cascadas. <strong>Princesa Tari.</strong> Únicamente se puede acceder en lancha partiendo desde el puerto de San Lorenzo. Está a 20 minutos. <strong>Chuchuví.</strong> Aparte de la cascada, se pueden realizar otras actividades como tubbing, trekking y pesca deportiva. <strong>Artesanías.</strong> En la comunidad El Cristal, a 1.200 m. de altura, se elaboran suvenires y recuerdos en tagua, coco y chonta. <strong>Puerto.</strong> En San Lorenzo, debido a que es un puerto natural, pueden ingresar embarcaciones con alto calado. <strong>Piguanguapí.</strong> Es otra de las cascadas donde varios turistas suelen acudir para bañarse en sus piscinas naturales. <strong>Vírgenes.</strong> A las playas vírgenes de San Pedro, Cauchal, Isla de los Pájaros y Brujo solo se puede llegar en lancha.

Christian Colombo Cordero
colomboc@granasa.com.ec

Al extremo norte del país, casi en la frontera con Colombia, donde nace oficialmente la denominada ruta del Spondylus, está San Lorenzo del Pailón, un cantón esmeraldeño de tierra bendita, donde fluyen incontables manantiales y vertientes de agua que invitan a realizar un turismo más natural, comunitario y, por supuesto, de aventuras ‘sin límites’.

Desde siempre, según la historia (ver datos), se ha caracterizado por ser un pueblo luchador y pujante, que ha pasado de mano en mano, pero que ha sabido mantener su esencia cálida y alegre. Y, a pesar de que su infraestructura urbanística no es la más cosmopolita o avanzada, existen aceptables y buenos ejemplos de oferta turística hotelera y gastronómica con capacidad aproximada de 400 personas.

Sus paisajísticos estuarios, predilectos para disfrutar de la caída del Sol, en especial desde su extenso muelle de madera, son muy similares a los que rodean a Guayaquil, pero con más vegetación y mucho menos contaminación. En ellos, cuenta la leyenda popular, bracea a ciertas horas, una mítica sirena que entona melodiosas canciones para atraer a sus ‘presas’, pero a diferencia de lo que se creería, sin hacerles daño a la gente, ya que “es amigable”, asegura Mirian Angulo, técnica de la Jefatura de Turismo de la localidad.

Sus aguas, entre cristalinas y, por tramos, turbias, alimentadas y agitadas por varias vertientes como el Mataje, Borbón, Molina, Molinita, Nadadero, entre otros, conducen a sitios encantadores como la cascada de la Princesa Tari, donde se inicia lo que SEMANA ha denominado la ruta de las cascadas de San Lorenzo.

MANANTIALES DE LA NATURALEZA

Muy temprano en la mañana, para aprovechar el día, sale el grupo de viajeros desde el muelle del puerto de San Lorenzo, por la Bahía del Pailón, en una de las ‘fibras’ (embarcaciones) rápidas de la Federación de Artesanos Recolectores de Productos Bioacuáticos del Manglar (Fedarpon) -encargada de la protección de los recursos naturales de la reserva ecológica Cayapas Mataje, conducida por Martilino Estacio, uno de los guías autorizados, hacia la llamada cascada del Salto del Tigre o Princesa Tari.

Según los entendidos, fueron bautizadas así porque allí, en tiempos ancestrales, una hermosa princesa indígena acostumbraba a tomar su baño matinal, acompañada de sus doncellas, como parte de un ritual de purificación; asimismo, se habla de que no hace mucho se observaba a un imponente tigre saltar desde la parte alta hacia la gran piscina natural que se forma en la zona baja, a la cual únicamente se puede llegar en barco, lancha o canoa.

Durante el trayecto de 15 a 20 minutos de navegación previa a la llegada, el entorno se regala atractivo con su bosque húmedo tropical regido por manglares y demás especies de árboles semiacuáticos como el alcornoque o nato, similar al tamarindo en su forma y fruto, pero con sus bases sumergidas en el agua y sus ramas al aire, floridas en enero y junio, y revestidas todo el año con miles de helechos y musgos que, poco a poco, van estrechando y cerrando los ‘canales’ hacia el destino trazado. Según Martilino, esta es una de las tantas especies maderables en peligro de extinción, debido a la tala indiscriminada que sufrieron por muchos años en la región.

Ya en la comunidad de San Antonio, el canto de los loros que anidan en el bosque, dan la bienvenida a los turistas que emocionados ansían bañarse en la cascada. El potente chorro de agua contra el agua y roca, el cual provoca que las moléculas ‘vuelen’ por el aire y rocíen, cual llovizna, el cuerpo de los presentes, anuncian la llegada al sitio. “Esta es la mejor época para visitarlo”, asegura el guía, puesto que gracias a las lluvias invernales su caudal aumenta considerablemente y se lo puede admirar en todo su esplendor.

En uno de los costados, por un sendero de tierra, en ese día alodasado, debido a las constantes lluvias suscitadas, se accede a unas piscinas naturales superiores, previas a la caída del agua, donde también se pueden meter los bañistas. O simplemente, quedarse abajo y dejarse regar por la fuerte vertiente, la cual esconde detrás del grueso ‘velo’ hídrico un túnel, donde los más aventureros ingresan para explorar sus ‘entrañas’ en medio de una atmósfera de misterio, provocada por el imaginario de los presentes, a causa de la oscuridad y emoción.

Después del placentero deleite natural en Tari, era tiempo de avanzar y buscar otros destinos de San Lorenzo, esta vez en carro.

SUVENIRES

Por la vía San Lorenzo-Ibarra (E10), después de aproximadamente 105 kilómetros, casi dos horas de camino de ascenso, por la derecha de la carretera, está el ingreso a la comunidad de El Cristal (a 9 kilómetros más de subida), una pequeña población localizada a 1.200 metros sobre el nivel del mar, conformada por 70 familias, donde se desarrolla un emprendimiento artesanal encabezado por Alirio Portillo. Es que era tiempo de obtener los respectivos suvenires y qué mejor sitio, sino donde se fabrican. Allí se elaboran adornos para el hogar y accesorios, desde pequeñas casas hasta bisutería, en caña guadúa, chonta y coco, los cuales son enviados a la cabecera cantonal para su posterior venta y distribución, como una alternativa de vida y progreso.

PIGUANGUAPÍ

De vuelta a la carretera, ya de retorno a San Lorenzo, por la población del Alto Tambo, los viajeros se detienen unos minutos para refrescarse por segunda ocasión en el día, esta vez en la gigantesca cascada Piguanguapí, localizada al pie de la vía en el km. 102.

Por un pequeño acceso de tierra, del lado izquierdo de la vía Ibarra - San Lorenzo, perfecto para dejar parqueado el auto, para luego caminar unos cuantos metros, están 3 naturales y cristalinas piletas -a diferentes niveles de altura-, alimentadas por la descendiente corriente de Piguanguapí. Ahí, Álvaro Andrade, un joven oriundo de Ibarra, quien acudió al sitio con su familia, fotografía la impresionante caída de agua, mientras sus tías recién llegadas de Europa se bañan contentas en la ‘lagunilla’ más alta, maravilladas de la belleza del Ecuador.

CHUCHUVÍ

Pocos kilómetros adelante, en otro punto de la vía, está la cascada Chuchuví, con 50 metros de alto, que se convierte en uno de los atractivos de San Lorenzo, a 600 m. sobre el nivel del mar, donde funciona un pequeño emprendimiento turístico hace una década. José Jiménez, su propietario, recuerda haberla descubierto cuando aún la carretera no pasaba por el sitio. Desde ese momento visionó crear una pequeña hostería que en la actualidad tiene capacidad de hospedaje para 20 personas en sus 8 cabañas. Sin embargo, en general, las visitas semanales que sobrepasan las 300, mayoritariamente de Ibarra y los alrededores, son de personas que van a pasar solo el día. “La admisión es de 50 centavos y pueden disfrutar de todas las instalaciones que incluyen piscinas naturales y artificiales, chorros, pesca deportiva de tilapias, servicio de restaurante y bar”, comenta.

Además, como parte del entretenimiento extremo se puede realizar cayonning o descenso de cascada con cuerdas, tubbing por el río Lita (a 10 minutos de la hostería), trekking ecológico, entre otras actividades de sana diversión.

LAS SIETE CASCADAS

Como si fuera poco, no saciados por las 3 cascadas visitadas, sin importar el cansancio, ni la lluvia, el grupo de viajeros se dispone a descubrir 7 más, en esta ocasión congregadas en un solo lugar. Se trata del proyecto ecoturístico Las 7 Cascadas Lodge, donde “te vas a ensuciar, te vas a mojar, pero con diversión garantizada”, recalca Diego Tarupí, administrador.

Cada una con 6 hasta 80 metros de altura, hacen que la visita sea una experiencia única, que demanda desde cortas hasta largas caminatas por los diversos senderos trazados en las 207 hectáreas de terreno, localizado en el punto de convergencia de las provincias de Esmeraldas, Carchi e Imbabura, donde se levanta el magnífico bosque lluvioso del Chocó Ecuatoriano, uno de los más húmedos del planeta, con altísima biodiversidad endémica.

Las cascadas, bautizadas con simpáticos y peculiares nombres como El Duende, en honor a ese mítico personaje que supuestamente suele aparecerse en el sitio; del Amor, por ser descubierta un 14 de febrero; Santa Ana, en honor a una joven con el mismo nombre que la vio por primera vez; La Mujer del Encanto, porque en una de sus rocas se ‘dibuja’ una silueta femenina; de Las Cuevas, al formarse una especie de arco; así como de La Reina y San Diego, se alimentan de afluentes como el Chuchuví.

Por uno de los tramos, para muchos el más llamativo, se atraviesa el túnel ‘Del amor’, donde “entran dos y salen tres”, comenta con jocosidad el guía, y el puente por donde alguna vez pasó el ferrocarril, que llegó por primera vez a San Lorenzo el 26 de agosto de 1957, hoy inhabilitado. Solo quedan de testigos silentes las oxidadas rieles, que, a decir de Diego, próximamente serán restauradas para la colocación de un minitren, en el cual se podrá admirar, desde otra perspectiva, en la comodidad de los asientos, el ‘verdor esmeralda’ de los bosques primarios y secundarios de esta zona de San Lorenzo. “También se puede hacer snorkel y (a futuro) se podrá visitar un trapiche”, asegura.

Son opciones interesantes por descubrir en una ruta de cascadas que brinda un cantón considerado en su zona oriental la puerta del sol y la lluvia, debido a que “amanece lloviendo y de tarde hace sol o viceversa”, asegura Salomón Caicedo, morador del Alto Tambo.

PLAYAS VÍRGENES

Pero si no le basta con esto, y desea relajarse en una cálida y cómoda playa, alejada del bullicio y, literalmente, del mundo, donde prácticamente el turista es dueño del sitio, debe visitar las playas vírgenes de San Pedro, La isla de los Pájaros o Las Malvinas, Cauchal y Brujo, a 20 minutos de camino, dependiendo de la elegida, a las cuales únicamente se puede ir en lancha, saliendo del puerto.

SAN LORENZO DEL PAILÓN, ESMERALDAS

País: Ecuador.

Provincia: Esmeraldas.

Cantón: San Lorenzo.

Población: 28.000 habitantes (censo 2001).

Superficie: 2.405 kilómetros cuadrados.

DATOS HISTÓRICOS RELEVANTES

Fue fundada por Pedro Vicente Maldonado en 1735. Según la historia, San Lorenzo pasó a manos de la provincia de Imbabura(1861) para darle a la Sierra salida al mar. Sin embargo, fue nuevamente entregada a Esmeraldas, debido a la falta de vías de comunicación.

En 1869 fue concedida a la compañía inglesa Ecuador Land como parte de pago, donde manejaban sus propias leyes e inclusive llegaron a tener su propia moneda llamada Pailón. Recién en 1939 fue devuelto al Ecuador como parroquia del cantón Eloy Alfaro hasta 1978 que se cantoniza.

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