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Redacción Semana
En todo el mundo, la pequeña Suri, de cinco años, se ha dado a conocer, no solo por sus famosos padres, sino por un estilo de vestir, que si bien refleja lo más glamoroso de la moda internacional también proyecta una imagen completamente alejada de su verdadera edad. Aunque para sus progenitores Tom Cruise y Katie Holmes aquello seguramente no tiene la menor importancia, para los especialistas en desarrollo infantil es una peligrosa forma de restarle una verdadera identidad a la niña y acercarla peligrosamente a un estado de confusión para el que no hay vuelta atrás.
¿Tan peligroso es el asunto de vestir a nuestras hijas a la ‘moda’? Sí, claro que sí, dice con énfasis la psicóloga clínica Katherine Lazo, con experiencia en niños. “No es raro ver ahora niñas de 9 años con actitudes y comportamientos de una jovencita de 13 o 14. Y no es que ahora nazcan ya adelantadas, sino que han recibido demasiada información de su entorno y de sus propios padres”, dice la especialista.
Para la psicóloga Mónica Llanos, sin lugar a dudas los progenitores son los mayores responsables de esas actitudes “aseñoritadas”, pues son ellos quienes consciente o inconscientemente refuerzan y apoyan dicho comportamiento desde muy temprana edad; son ellos los que se encargan de comprar la vestimenta, los accesorios, revistas y permiten que sus hijas vean series, programas e incluso novelas que no están acorde con su edad. A Suri, por ejemplo, sus padres no dudaron en comprarle regalos para Navidad en los que incluyeron aros de diamantes con una inversión de ¡100.000 dólares!
La psicóloga Llanos dice que es muy importante la manera como vistamos a nuestras hijas, pues detrás de ello hay todo un esquema de valores y principios: muchas de las actitudes, comportamientos y vestuario que parecen inofensivos y agradables en edades tempranas, luego en la adolescencia resultan intolerables.
“No podemos exigirles, años después, que sean diferentes a lo que les permitimos en los primeros años. Como madre, si le hace alguna exigencia, debe guiarla y no complacerla”, agrega.
No hay que olvidar que la formación de hábitos empieza en los primeros años de vida.
Orgánicamente, el cerebro infantil no está capacitado para entender cosas de adultos, dice enfático el psicólogo Lenin Salmon. Y el cerebro no madura precisamente con maquillaje o lindos trajes. “Como la mamá está detrás de todo esto, lo más probable es que esa mujer no haya madurado y querrá representar en su hija lo que ella no pudo ser”, afirma Salmon.
Y ante una circunstancia de estas el problema puede ser mayor aún. Según la psicóloga Llanos, como las pequeñas no están disfrutando su etapa de niñas, se exponen a experiencias inapropiadas para su edad y las cuales no pueden enfrentar con la madurez emocional necesaria. Si bien, algunas maduran en forma temprana puede darse lo contrario. Es decir, que siendo adolescente o adultas quieran regresar a etapas anteriores, lo cual les creará conflictos.
Entre las consecuencias de encaminar mal la infancia de los niños en general, los especialistas citan como lo inevitable que estos se vuelvan exigentes y haraganes. Si ella es el centro de todo, todos le festejan su ropa y la complacen, tendrá esa necesidad de querer más y más cosas y por su puesto no compartir. Y sus padres, seguirán cayendo en el círculo vicioso de seguir complaciendo toda esa necesidad de “verse linda”, que fue algo que ellos mismos cultivaron.
Obviamente que en todo esto también entra en juego el entorno en el que se ha educado la menor, y si ha tenido, por ejemplo, un consejo a tiempo que le haga ver a los padres sus errores, especialmente de la madre que quiere ver a la “princesita”, como toda una “mujer”.
“Una niña de nueve años no debería estar usando una lycra con strapless”, dice Lazo.
Otra consecuencia negativa de adelantarlos a su edad con la moda es que la niña sentirá que para complacer al resto deberá verse siempre linda, porque eso es hacer lo correcto. Allí radica la pérdida de su identidad y de una situación como esa no puede salir nada bueno. “Es muy probable que al crecer esa pequeña querrá captar la atención de su madre, no porque será la mejor en Matemáticas, por ejemplo, sino por su lindo vestuario, su manera de ver la vida, se remitirá a una escala superficial de valores. Vivirá como en una tira cómica”, concluye Salmon. (MF)
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