Edición: Dom 18/dic/11

‘Cuando mi papá es Papá Noel’

Esfuerzo. Cada año, muchos papás se esmeran por sorprender con regalos a sus hijos. Tres de ellos nos cuentan peripecias.

Foto: Semana

¡Sorpresa! Cada Navidad Andrés Jungbluth se esmera por sorprender a Mateo de 9 años y a Lola de 5.

Mérito. Los hijos del Dr. Juan Carlos Estrada, Juan Andrés, Valentina y Flavia reciben dos regalos, si se los ganan.

Propósitos. Martín de 8 años le prometió a su padre Andrés Seminario cumplir con propósitos. Y lo sigue Robertito.

Redacción Semana

No hay duda que la fantasía sobre la existencia de Papá Noel despierta muchas inquietudes en los niños de todo el mundo, más allá de la conmemoración del nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén, que es el principal acontecimiento espiritual que se conmemora en la Navidad.

Santa Claus, San Nicolás, Viejito Pascuero, Noel son muchos los nombres que recibe este personaje que se cree que era nativo de Lycia, un pueblo de la antigua Turquía (S. IV d. C.), y cuyo nombre original era Nicolás de Bari. En realidad se trataba de un sacerdote de contextura física muy diferente a la del San Nicolás que aparece en los shoppings, de barba, bigote blanco y barrigón, una figura que nació por el año 1863 y que atrajo la atención de la revista Harper´s Weekly y a partir de lo cual dio un salto a los centros comerciales. Era alto y delgado y le caracterizaba su amor infinito por los niños.

Ese personaje histórico se traslada cada año a los diferentes hogares, a esos hombres de carne y hueso que deben procurar que cada 25 de diciembre lleguen los regalos a tiempo, especialmente, a los más pequeñitos de la casa.

Un médico, un empresario y un presentador de televisión nos comentan todo el ajetreo que viven para mantener la ilusión en sus hogares...

El mejor escondite

Esconder una bicicleta en la casa del vecino y cambiarla de lugar constantemente dentro de casa, todo, con la intención de que el hijo mayor de la familia no descubra el que sería su regalo navideño, es uno de los esfuerzos que se le vienen a la mente al presentador de noticias Andrés Jungbluth, para evitar que su hijo mayor lo sorprenda con el “regalo en la masa”.

“Son los pequeños sacrificios que hacemos en casa para que los chicos no se enteren lo que les dará en Navidad. Pero es muy gratificante ver sus caritas felices el día 25”, dice sonriente.

Junto a su esposa María José Marún procuran que sus hijos Mateo de 9 años y Lola de dos años y medio, cada 25 de diciembre, no se enteren de que ellos se levantaron primero para poner los regalos debajo del árbol... Así, cuando los pequeños bajan por las escaleras recibirán la sorpresa de sus vidas. “Es fregado esto de que no descubran antes de la Navidad sus obsequios”, comenta.

Una confesión que nos hace Andrés es que este año se han sentido más cercanos como pareja y familia, pues hace poco, junto a María José, hicieron “una alianza de amor con María”, además celebraron también la primera comunión de su hijo Mateo.

Sus hijos están conscientes de que es el Niño Jesús quien les concede la alegría de recibir obsequios y si su conducta no ha sido apropiada, especialmente la del mayor, no recibirá ni su futbolín, pelota de fútbol o los guantes de arquero.

Los regalos y su razón de ser

Tenía seis o siete años cuando cada 24 de diciembre solía poner un tarrito de leche, pan y galletas detrás de la puerta por si acaso los renos llegaran en la madrugada con sed y con mucha hambre. Así actuaba en su niñez el Dr. Juan Carlos Estrada. Aunque confiesa “seguir creyendo en Papá Noel”, porque para él la existencia de los niños en el mundo, lo mantiene vivo. “Mis hijos saben que los regalos tienen una razón de ser, hay que ganárselos con obras”, afirma, pero también aconseja tratar de mantener en los hogares intacta las fantasías de cada niño.

Al menos es lo que él procura hacer con sus hijos Juan Andrés de 9 años, Valentina de 10 años y Flavia de 5 años, fruto de su matrimonio con Verónica López. Para todos los niños es una motivación saber lo que Santa Claus les va a dejar al finalizar el año, después de haber sido un niño bueno en casa. Y si sus hijos han cumplido con todo ello, es muy seguro que junto a su esposa se esmere por hacerles llegar, no solo uno, sino dos tipos de regalos: Aquellos obsequios que ellos han pedido por carta a Papá Noel y los que como padres piensan que son necesarios.

“En muchos hogares tratan de inculcar el pragmatismo a los niños y hacerles entender que es imposible que alguien pueda recorrer el mundo repartiendo regalos, pero si les quitan esa ilusión, en realidad lo que están haciendo con esos niños es restarles la fantasía que debe existir en todos los aspectos de sus vidas. Yo procuro que esos sueños nunca falten en mi casa”, dice este emulador de Papá Noel quien desde ya alista su trineo para el esperado amanecer del 25.

Propósitos

En otro hogar, el pequeño Martín de ocho años debe haber cumplido una serie de méritos en el año y más aún, durante todo el mes de diciembre, para ganarse un merecido regalo de Navidad. “Tiene que ir haciendo una serie de propósitos que van desde el 1 de diciembre hasta el 24”, dice su padre el presidente ejecutivo de Actúa Verde, Andrés Seminario, una norma que implantó con su esposa Mariuxi Zea y cuyo camino también seguirá Robertito de 3 años.

Pese al materialismo de la que actualmente está revestida la Navidad, este Papá Noel moderno trata en lo posible de que aquello no llegue a su hogar y que sus hijos mantengan esa inocencia y espiritualidad al pedir sus regalos. Martín, por ejemplo, hace una cartita donde detalla lo que quiere, pero también por otro lado, en una hoja tiene delineados como un cuadro esquemático cada uno de sus propósitos con promesas como: Renunciar a algo que le gusta para ayudar a salir adelante a alguien; arreglar la casa y preparar algo rico; sorprender a alguien con un pequeño regalito; estar todo el día dispuesto para ayudar a otro; dialogar más en casa, etc.

Hace pocos días junto con otros amiguitos de la escuela repartió juguetes a niños de escasos recursos de un establecimiento educativo. “Les gustó lo que compramos”, nos dice Martín, mientras su padre lo observa y nos aclara que trata de que este tipo de actos no se hagan solo por Navidad, sino que la idea es que quede sembrado en ellos ese afán de ayudar siempre a quien más lo necesita.

En esta familia hay gran expectativa al acercarse la Nochebuena, pues los chicos no tienen la menor idea de dónde están sus regalos y si Papá Noel habrá acertado con el obsequio.

Sobre aquello, Seminario recuerda que cuando él era niño, tenía la costumbre junto a sus hermanos de dejar su zapato debajo del árbol para que no se confundan al dejar un regalo. Esta tradición la fomentó su abuelo y su padre, y el propósito era hacer lo propio en las casas de familiares donde también los esperaba más obsequios. “Ahora nuestros hijos hacen lo mismo. Sabemos hay que inculcarles que la Navidad no es solo regalos, sino espiritualidad. En el caso de Martín él sabe que si durante el año se ha acercado con sus obras al Niño Jesús, sin duda alguna tendrá su recompensa”. (MF)

Prioridad. es importante que los niños conserven la inocencia y la fantasía, porque alimenta su mundo infantil.

Consejo. los niños deben aprender que los regalos son fruto del esfuerzo por ser mejores personas y ayudar a los demás.

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